MAG POP
domingo, septiembre 17, 2006
Razorlight - Razorlight
Vertigo/Reino Unido/2006
Johnny Borrell quiere ser una estrella. Y podría llegar a serlo… si estuviésemos, pongamos, en 1990. Pero llegaron antes Simon Fowler y Ocean Colour Scene, así que lo tiene difícil. Tanto como gustar por igual a seguidores de U2, Libertines y Oasis. El self-titled que han entregado los anglo- suecos, parido en colaboración con Chris Thomas (Pretenders, INXS y también alguna producción de bandas sonoras para la Disney, oigan) llega con retraso, dejando sensaciones de deja-vú en casi cada minuto de su escucha. Cada vez más prosaico (cuenten su segunda acepción) con sus letras, Borrel brinda alguna pincelada disfrutable sin más, como en el estribillo del single “In The Morning”, si bien el disco adolece de la intensidad y cierta capacidad de sorpresa que tuvo su anterior trabajo, “Up All Night” (Vértigo, 2004).
Han contado con reminiscencias negras, soul y rythm, baladas para el estadio (“America”), composiciones con cabida en la radiofórmula, sencillas y bastante parecidas al fin (“Kirkby’s House”, “In The Morning”), y mucho, mucho British Sea Power y Ocean (“Hold On”). La singladura sin rumbo del disco se completa con cortes algo pegajosos (“Before I Fall To Pieces”), la lisergia de “Los Angeles Waltz” y temas rancios (“I Can’t Stop This feeling I’ve Got”), bajando a los infiernos para emparentarse con Crowded House y Sheryl Crow, Sin embargo, y ante el descalabro de Borrell, surge el buen hacer del guitarrista sueco Bjorn Agren, firmando alguno de los pocos momentos que recuerdan al frenesí de toques songwriters que hicieron de Razorlight una banda prometedora en el pasado.
El caso es que uno de los discos más esperados del año se va a convertir en una decepción de Vértigo (ja). Estarán contentos (digo yo) éstos últimos haciendo desaparecer los tensos himnos del anterior trabajo para sustituirlos por nuevos temas dirigidos en línea recta al mercado estadounidense, lo cual nunca fue una buena idea. Perdidos en el fango comercial, seguro que Arctic Monkeys y The Kooks les estarán agradecidos, parece que no serán los londinenses los nuevos Television ni por supuesto los nuevos Strokes.
Johnny Borrell quiere ser una estrella. Y podría llegar a serlo… si estuviésemos, pongamos, en 1990. Pero llegaron antes Simon Fowler y Ocean Colour Scene, así que lo tiene difícil. Tanto como gustar por igual a seguidores de U2, Libertines y Oasis. El self-titled que han entregado los anglo- suecos, parido en colaboración con Chris Thomas (Pretenders, INXS y también alguna producción de bandas sonoras para la Disney, oigan) llega con retraso, dejando sensaciones de deja-vú en casi cada minuto de su escucha. Cada vez más prosaico (cuenten su segunda acepción) con sus letras, Borrel brinda alguna pincelada disfrutable sin más, como en el estribillo del single “In The Morning”, si bien el disco adolece de la intensidad y cierta capacidad de sorpresa que tuvo su anterior trabajo, “Up All Night” (Vértigo, 2004).
Han contado con reminiscencias negras, soul y rythm, baladas para el estadio (“America”), composiciones con cabida en la radiofórmula, sencillas y bastante parecidas al fin (“Kirkby’s House”, “In The Morning”), y mucho, mucho British Sea Power y Ocean (“Hold On”). La singladura sin rumbo del disco se completa con cortes algo pegajosos (“Before I Fall To Pieces”), la lisergia de “Los Angeles Waltz” y temas rancios (“I Can’t Stop This feeling I’ve Got”), bajando a los infiernos para emparentarse con Crowded House y Sheryl Crow, Sin embargo, y ante el descalabro de Borrell, surge el buen hacer del guitarrista sueco Bjorn Agren, firmando alguno de los pocos momentos que recuerdan al frenesí de toques songwriters que hicieron de Razorlight una banda prometedora en el pasado.
El caso es que uno de los discos más esperados del año se va a convertir en una decepción de Vértigo (ja). Estarán contentos (digo yo) éstos últimos haciendo desaparecer los tensos himnos del anterior trabajo para sustituirlos por nuevos temas dirigidos en línea recta al mercado estadounidense, lo cual nunca fue una buena idea. Perdidos en el fango comercial, seguro que Arctic Monkeys y The Kooks les estarán agradecidos, parece que no serán los londinenses los nuevos Television ni por supuesto los nuevos Strokes.

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